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Melancolía de otoño...

Un encuentro fortuito hace que mi corazon acelere sus latidos.

Una canción,como ruido de fondo, me hace rememorar  momentos de mi vida.

Melancolía de otoño, sueños de vida, caricias perdidas...

Sueños incumplidos...

Despacio, me acerco a su cuerpo y, en silencio, le observo.

Vienen a mi mente recuerdos de un tiempo donde nada podía impedirnos realizar nuestros sueños.

Hoy, todo es vacío, desvelo, decisiones difíciles que habrá que tomar con el tiempo.

Sueños incumplidos...

Promesas que se rompen...

Hastío...

El caramelo...

Esa sonrisa en su cara, cuando le das el caramelo, acaba con la tristeza y se terminan las lágrimas.

Hay tanto amor en su mirada, y esa carita enojada...

No hay madre que resista la presión de una rabieta.

Es mejor darle la piruleta...

Un nuevo solsticio...

Con la llegada del otoño,  y su danza de
 matices ocres, verdes, rojos... cualquier
 paisaje se convierte en paleta de pintor y
 cuaderno de escritor.

La inspiracion baila sola, esperando
al músico que la acompañe...

Llega un nuevo solsticio y, con él, la
 melancolía...


En un rincón de aquel café...

En un rincón de aquel café, a resguardo de la baja temperatura, se encontraron nuestras manos.

Cada invierno, vuelven los recuerdos de aquel tiempo que vivimos y que hoy mantenemos.

Somos lucha, presente y constante, del amor que sentimos...

En la penumbra de la noche...

En la penumbra de la noche y, sin más
 presencia que el silencio, cometió un "crimen
 horrendo" para guardar su secreto.

Ensució el cristal de la ventana con el calor de
 su aliento y escribió:

"!Pelayo, te quiero!".

Bonito sueño

El sol brilla de manera constante en los paraisos de ensueño donde el paisaje es poesía.

Si llueve, se despliega un arcoiris al cesar la lluvia pidiendo permiso para saludar a la luna...

Bonito sueño...

Hay rincones en el alma...

Hay rincones en el alma, con heridas tan abiertas, que hacen que nuestra mente, sin entender de letras, escriba los versos más bellos.
El desvelo del cuerpo provoca desgarros profundos, noches de insomnio y luna nueva. Y, cuando la emoción se desborda, el llanto, siempre a la espera, acude ráudo y, con cada lágrima, brota un poema..

Y cuando la vida.

Y Cuando la vida me zarandeaba, yo me aferraba a las letras.  Y fue Leyendo como aprendí a superar mis momentos.

Fui  de viaje con National Geographic, corrí aventuras con Alatriste, recorrí la Alhambra con el Manuscrito Carmesí , y fui médico con La Doctora.

Y, de nuevo, salí al mundo para encontrarte a tí...

No se bien cuando...

No se muy bien cuando, ni en qué momento,
comenzamos a intercambiar palabras.

Un día, un saludo obligado, otro, un como
estás, por compromiso.
Y así, pasando los días,  comenzaste
a llenar un hueco.
Pasaste de ser desconocido,
a ser amigo indispensable.

Compartimos letras, compartimos palabras,
compartimos risas, compartimos enojos,
compartimos silencios, compartimos
confidencias, y a pesar de la distancia,
compartimos alma
y  muchos pensamientos...

Y pasó la vida...

Siempre mantenía la esperanza de que la amistad que se tenían pudiera ser algo más.

La ternura de sus labios, al darle aquel beso de despedida, dejó partida su alma al ver como el destino separaba sus caminos.

Y pasó la vida y pasó el tiempo, recorriendo un camino mil veces andado, buscando, de nuevo, su sueño perdido...

Necesito del mar...

Necesito del mar y su brisa, de la luna y el silencio, para que el ocaso de la tarde me ayude a superar el desdén que me producen sus caricias.

Todo fin necesita su tiempo y es éste...

Mejor que sean dos

Dice los doctores, que una copita de vino es buena para el corazón, porque una de sus sustancias llamada resveratrol reduce la inflamación.

 Aunque yo creo... que mejor que sean dos.

Aunque parezca lo.mismo...

Aunque parezca lo mismo, no es igual decir rancio, que decir viejo, o llamarlo añejo, cuando nombramos al vino.

Aunque el buen vino sea el viejo, y mejor si es añejo, pena de vinateros, si se estropea el barril y el vino les sale rancio...

En el ocaso de la tarde...

En el ocaso de la tarde, sin mas caricias que la brisa del mar, fue consciente de su soledad, del abandono, y del silencio.

Y quedó ahí, llorando su tristeza, esperando algún consuelo sin mas compañía que el cielo y un rayo de luna...

Abatida, desdichada, y sola...
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